
Dentro de mi vocación de ir siendo “el cambio que quiero ver en el mundo”, quiero compartir contigo mis últimas exploraciones con la envidia, una emoción que suele tener muy mala prensa, que solemos esconder, disimular o directamente negar que la sentimos.
Los viajes durante las vacaciones de verano son, para mi, fuente de muchas vivencias y la experiencia de muchas emociones. Durante este mes de agosto he hecho un viaje espectacular en varios niveles. En lo más físico terrenal… he estado recorriendo unos 4.500 kilómetros de territorio namibio con parte de mi familia…, y en lo más emocional, he estado adentrándome en el territorio de distintas y variadas emociones, que en sus diferentes manifestaciones e intensidades han ido mostrándome más y más cosas de mi y de cómo me vivo la vida.
Os cuento…
Este viaje empezó despertándome una inmensa gratitud, porque fue un regalo inesperado de ultima hora que acepté inmediatamente sin pensármelo dos veces.
Siguió con un poco de angustia los dos días antes de salir porque tenía muy poco tiempo para prepararme y dejar arreglado todo lo que tenía previamente comprometido a lo largo de esa semana que ya no iba a estar en Barcelona.
La cosa continuó con mucha satisfacción al llegar al aeropuerto de Barcelona para tomar el primer avión, después con miedo en el transbordo en Sudáfrica, sufriendo por no llegar a tiempo al siguiente vuelo, y finalizó unas cuantas horas más tarde con mucha alegría, en el encuentro en Swakopmund (Namibia) con las personas queridas que
me estaban esperando allí.
A partir de ese momento, todos los días transcurrieron llenos sobretodo de asombro, curiosidad y sorpresa, mientras recorríamos el país por inacabables carreteras a veces asfaltadas, a veces de tierra e incluso, a veces, de arena…
- “Anda! Mira!”

- “A ver, a ver?”
- “Has visto???”
- “Por la izquierda!!!”
- “Allí, allí… detrás de aquellos matorrales… los ves??”
Frases como estas llenaron nuestras conversaciones en el interior del coche que nos acompañó a lo largo de los trece días que tuve la suerte de estar en Namibia, cada vez que descubríamos un animal o veíamos algo insólit
o para nosotros… y la exclamación e intensidad de la emoción era mayor cuanto más nuevo para nosotros era el animal que veíamos o cuanto más sabíamos que era difícil de ver.
Todo el tiempo cámara en mano, para no perderme ninguna foto memorable, cambiando de objetivo según la imagen que quería captar… hasta que mi zoom 70-210, que lleva acompañándome desde hace más de veinte años en todos mis momentos fotográficos, se quedó encallado y dejó de funcionar.
“Mierda!!! ¿Y cómo voy a hacer ahora fotos a los animales sin mi teleobjetivo?”
Y fue entonces cuando empezó a aparecer la leve sombra de la envidia…
- “Claro! Con ese objetivo cualquiera hace fotos!!” – Decía cada vez que veía a alguien con un largo teleobjetivo en su cámara de fotos.
- “Así cualquiera pilla momentos especiales de la naturaleza salvaje!!”
- “Y qué hace con ese aparato, que es más grande que ella!!”
- “Grrrrrrrrrrrrrr…. Qué envidia!!!”
Empecé a darme cuenta que había otras personas que tenían lo que yo quería tener y que no estaba teniendo!!!!
- “Agrrrrr… qué rabia!!”
Así que decidí empezar a adentrarme en esa emoción, sin negarla, ni mentirme ni disimularla diciendo que era “envidia de la buena” o “envidia sana”.
Decidí sentirla, explorarla, vivirla, darme cuenta de en qué momentos me aparecía, aunque fuese muy muy leve… en muy baja intensidad…, para poder aprender de ella. Fue una experiencia muy bonita, que nos acompañó a todos a lo largo de todo el viaje.
Y reconocí que sentía envidia…
- De aquellas personas que tenían un teleobjetivo potente que claramente yo no tenía.
- De quienes veían cosas que yo no veía (léase animales, escenas, encuadres,…).
- De las mujeres de mi edad e incluso mayores que yo, con cuerpos estupendos, atléticos, firmes, musculosos, fibrados, energéticos,… que parecían comer de todo y en abundancia en los buffet de los lodges y no engordaban… “grrrr…que rabia!!!”
- De la gente que parecía saber muchas cosas y de todo… “Y esto ¿cómo lo sabes?”. Es una pregunta que he hecho mucho a lo largo de mi vida… envidiando el conocimiento de otros.
- Del sentido del humor fino, ágil, oportuno y fresco de algunas personas. “Ainxxx…. qué envidia!”
- De la gente que hablaba varios idiomas con facilidad, como si nada… con total naturalidad… Esto me daba muuuucha envidia!!!
- De las personas que aparentemente parecía que todo les salía bien… que todo les iba bien en la vida, que parecían muy felices. “Ostras… Que envidia!!!”.
Detrás de todos estos momentos, y de otros más en los que sentí envidia… descubrí que siempre hay una comparación en la que yo salgo perdiendo. Hay una creencia de que “Las otras personas si y yo no!”, de que “ellas si pueden y yo no!”, de que “ellas si saben y yo no!”, de que “ellas si tienen y yo no!”.
Y de repente me pregunté….